CONOCEME UN POCO MÁS
¡HOLA!Me presento:Soy Sofía, una apasionada de la psicopedagogía y, en especial, de la intervención con niños y niñas con necesidades educativas especiales. Me conmueve profundamente la idea de acompañar, de estar presente en esos pequeños pasos que, con paciencia, vínculo y empatía, acaban convirtiéndose en grandes logros. Me interesa la educación que se hace desde lo humano, desde lo cotidiano y desde lo real.No solo me atrae lo terapéutico; también me mueve mucho el ámbito social de la educación. Creo que esa sensibilidad viene, en gran parte, de mi experiencia profesional como integradora social. Este camino me ha permitido aprender que no se puede mirar a una persona solo desde sus dificultades, diagnósticos o etiquetas, sino desde todo lo que es, lo que vive y el contexto que la rodea.Trabajo desde hace tres años como Integradora Social en colegios de educación especial durante los periodos no lectivos, con chicos y chicas con discapacidad y graves problemas de conducta. No voy a negar que es un trabajo duro: mordiscos, llantos, crisis, tirones de pelo… todo eso forma parte del día a día. Pero también forma parte ver avances que nadie más ve, pequeñas conquistas que no siempre salen en los informes, y sentir que, poco a poco, el trabajo constante y la cercanía dan frutos. Y ahí, todo compensa.Durante el periodo lectivo desempeño otro rol que también me ha marcado mucho: trabajo como monitora y coordinadora de un comedor escolar en un colegio ordinario preferente TEA y motóricos. Además, el centro cuenta con un aula de enlace, ya que gran parte del alumnado es inmigrante y muchos se encuentran en riesgo de exclusión social. Esta experiencia me ha enseñado que la escuela no es solo un lugar donde se aprende contenidos, sino un espacio de acogida, de convivencia y, en muchos casos, de supervivencia.También me ha dado un golpe de realidad importante: ver la distancia entre lo que muchos centros proclaman y lo que realmente pueden hacer en el día a día, ya sea por falta de recursos, ratios imposibles o por el agotamiento de los profesionales.Todas estas vivencias, que llevo acumulando desde que empecé la carrera, han sido el mejor puente entre teoría y práctica. Me han permitido confirmar que este es mi camino, aunque no siempre sea fácil ni tenga respuestas claras.No soy una persona perseverante en el sentido clásico. Me cuesta mucho empezar y mantener cosas que no me gustan o no me motivan; me disperso, me desconcentro y me cuesta seguir. Pero cuando algo me interesa de verdad —estos temas, la educación, la inclusión, la justicia social— puedo pasarme horas debatiendo, reflexionando o escribiendo sin darme cuenta del tiempo.Soy bastante desastre, y ese caos exterior suele ser un reflejo bastante fiel del caos interior. Eso a veces me lleva a vivir un poco estresada, porque mi cabeza está casi siempre a mil, aunque no siempre lo exprese. Según el profe Sergio… se nota bastante 😂.
Algo que también me define es que soy muy indecisa, sobre todo con las cosas pequeñas. Elegir me cuesta, dudo mucho, le doy mil vueltas a todo. Supongo que, en el fondo, como a casi todos, me da miedo fallar. Aun así, puedo decir que estoy orgullosa de lo que estoy consiguiendo, tanto a nivel personal como profesional. Y esto lo digo ahora porque hasta hace no tanto me costaba muchísimo reconocerme cosas buenas.Siempre he sido muy empática, especialmente con las personas más vulnerables. Tengo esa vena de “defensora de las causas perdidas” que a veces me mete en debates, choques y frustraciones, pero que también forma parte de quien soy y de cómo entiendo la educación.
En lo personal, siempre he sido una persona muy risueña y alegre, pero también muy, muy tímida. Tanto que a muchos profesores les llamaba la atención, sobre todo cuando, con dos años, apareció mi hermana, que es justo lo contrario a mí 😂. Eso sí, sin ella no podría vivir.
Siento que esa timidez me encasilló bastante durante mi etapa educativa. Es cierto que yo lo permití, pero también, al ser una alumna que no destacaba ni por lo muy bueno ni por lo muy malo, tanto el profesorado como yo misma nos acomodamos en ese rol. Pasar desapercibida era fácil.
A día de hoy sigo sin disfrutar llamando la atención, pero es verdad que he ganado mucha más confianza en mí misma. Como anécdota curiosa, a los cinco años me apuntaron a teatro por recomendación de una profesora. Estuve yendo a clases hasta los dieciséis, hice incluso algún casting y todo, aunque en la adolescencia acabé dejándolo. Supongo que siempre ha habido en mí esa mezcla entre querer expresarme y el miedo a hacerlo.
La comparación, tanto con otros profesionales como conmigo misma, siempre ha estado muy presente en mi vida. A veces incluso con mi hermana o con mis amigas. Es algo que sigo trabajando poco a poco, aprendiendo a no medirme constantemente con los demás y a valorar mi propio proceso, mis tiempos y mis logros.En mi futuro profesional me imagino trabajando en un ámbito lo más terapéutico posible. Disfruto de la evaluación y de la detección de necesidades, sí, pero lo que de verdad me llena es la intervención directa, el trabajo de campo, ese espacio donde el vínculo y la cercanía marcan la diferencia y donde la pedagogía se convierte en una herramienta real de transformación
Si tuviera que resumir mi vocación en una metáfora, diría que acompañar a un niño o a una familia es como ayudar a armar un rompecabezas: las piezas a veces parecen perdidas, otras no encajan a la primera, pero con paciencia, mirada atenta y tiempo, cada una encuentra su lugar y da sentido al conjunto.
Me inspira profundamente la idea de que “la educación no cambia el mundo, pero sí transforma a las personas que cambiarán el mundo”. Y yo quiero ser parte de esa transformación, aunque sea desde lo pequeño, pieza por pieza, historia por historia.
¡HOLA!
Me presento:
Soy Sofía, una apasionada de la psicopedagogía y, en especial, de la intervención con niños y niñas con necesidades educativas especiales. Me conmueve profundamente la idea de acompañar, de estar presente en esos pequeños pasos que, con paciencia, vínculo y empatía, acaban convirtiéndose en grandes logros. Me interesa la educación que se hace desde lo humano, desde lo cotidiano y desde lo real.
No solo me atrae lo terapéutico; también me mueve mucho el ámbito social de la educación. Creo que esa sensibilidad viene, en gran parte, de mi experiencia profesional como integradora social. Este camino me ha permitido aprender que no se puede mirar a una persona solo desde sus dificultades, diagnósticos o etiquetas, sino desde todo lo que es, lo que vive y el contexto que la rodea.
Trabajo desde hace tres años como Integradora Social en colegios de educación especial durante los periodos no lectivos, con chicos y chicas con discapacidad y graves problemas de conducta. No voy a negar que es un trabajo duro: mordiscos, llantos, crisis, tirones de pelo… todo eso forma parte del día a día. Pero también forma parte ver avances que nadie más ve, pequeñas conquistas que no siempre salen en los informes, y sentir que, poco a poco, el trabajo constante y la cercanía dan frutos. Y ahí, todo compensa.
Durante el periodo lectivo desempeño otro rol que también me ha marcado mucho: trabajo como monitora y coordinadora de un comedor escolar en un colegio ordinario preferente TEA y motóricos. Además, el centro cuenta con un aula de enlace, ya que gran parte del alumnado es inmigrante y muchos se encuentran en riesgo de exclusión social. Esta experiencia me ha enseñado que la escuela no es solo un lugar donde se aprende contenidos, sino un espacio de acogida, de convivencia y, en muchos casos, de supervivencia.
También me ha dado un golpe de realidad importante: ver la distancia entre lo que muchos centros proclaman y lo que realmente pueden hacer en el día a día, ya sea por falta de recursos, ratios imposibles o por el agotamiento de los profesionales.
Todas estas vivencias, que llevo acumulando desde que empecé la carrera, han sido el mejor puente entre teoría y práctica. Me han permitido confirmar que este es mi camino, aunque no siempre sea fácil ni tenga respuestas claras.
No soy una persona perseverante en el sentido clásico. Me cuesta mucho empezar y mantener cosas que no me gustan o no me motivan; me disperso, me desconcentro y me cuesta seguir. Pero cuando algo me interesa de verdad —estos temas, la educación, la inclusión, la justicia social— puedo pasarme horas debatiendo, reflexionando o escribiendo sin darme cuenta del tiempo.
Soy bastante desastre, y ese caos exterior suele ser un reflejo bastante fiel del caos interior. Eso a veces me lleva a vivir un poco estresada, porque mi cabeza está casi siempre a mil, aunque no siempre lo exprese. Según el profe Sergio… se nota bastante 😂.
Algo que también me define es que soy muy indecisa, sobre todo con las cosas pequeñas. Elegir me cuesta, dudo mucho, le doy mil vueltas a todo. Supongo que, en el fondo, como a casi todos, me da miedo fallar. Aun así, puedo decir que estoy orgullosa de lo que estoy consiguiendo, tanto a nivel personal como profesional. Y esto lo digo ahora porque hasta hace no tanto me costaba muchísimo reconocerme cosas buenas.
Siempre he sido muy empática, especialmente con las personas más vulnerables. Tengo esa vena de “defensora de las causas perdidas” que a veces me mete en debates, choques y frustraciones, pero que también forma parte de quien soy y de cómo entiendo la educación.
En lo personal, siempre he sido una persona muy risueña y alegre, pero también muy, muy tímida. Tanto que a muchos profesores les llamaba la atención, sobre todo cuando, con dos años, apareció mi hermana, que es justo lo contrario a mí 😂. Eso sí, sin ella no podría vivir.
A día de hoy sigo sin disfrutar llamando la atención, pero es verdad que he ganado mucha más confianza en mí misma. Como anécdota curiosa, a los cinco años me apuntaron a teatro por recomendación de una profesora. Estuve yendo a clases hasta los dieciséis, hice incluso algún casting y todo, aunque en la adolescencia acabé dejándolo. Supongo que siempre ha habido en mí esa mezcla entre querer expresarme y el miedo a hacerlo.
La comparación, tanto con otros profesionales como conmigo misma, siempre ha estado muy presente en mi vida. A veces incluso con mi hermana o con mis amigas. Es algo que sigo trabajando poco a poco, aprendiendo a no medirme constantemente con los demás y a valorar mi propio proceso, mis tiempos y mis logros.
En mi futuro profesional me imagino trabajando en un ámbito lo más terapéutico posible. Disfruto de la evaluación y de la detección de necesidades, sí, pero lo que de verdad me llena es la intervención directa, el trabajo de campo, ese espacio donde el vínculo y la cercanía marcan la diferencia y donde la pedagogía se convierte en una herramienta real de transformación
Me inspira profundamente la idea de que “la educación no cambia el mundo, pero sí transforma a las personas que cambiarán el mundo”. Y yo quiero ser parte de esa transformación, aunque sea desde lo pequeño, pieza por pieza, historia por historia.
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Me gusta mucho que hayas enfocado tu blog a tu propio trabajo y vocación por los peques del comedor en el que trabajas me parece super interesante y espero más acerca de este tema ¿a lo mejor experiencias que te hayan pasado en tu trabajo? TE FELICITO😍❤️
ResponderEliminarMe encanta la idea de tu blog y de hecho estoy deseando leerlo. Podrías hablar de experiencias personales en el comedor, como te sientes, como actúas con las familias. También me gustaría ver actividades que lleves a cabo con los niños. O en sí, que cuentes ¿como es la experiencia de trabajar en un colegio de difícil desempeño? Te animo Sofía
ResponderEliminarSofi sabes muchísimo, tienes experiencia que contarnos, que enseñarnos. Tu amor por ayudar a montar ese puzzle, nos motiva a nosotros mismos a ser mejores, a ser mas empáticos con los demás.
ResponderEliminarMe encanta tu historia y tu punto de vista Sofía. Me siento muy reflejada con tu vocación y creo que tienes muchas cosas que contarnos con tu experiencia! (Soy Noelia)
ResponderEliminarMe identifico mucho contigo, porque aunque soy Educadora Infantil, he tenido oportunidad de trabajar varias veces con niños y niñas con NEE en enseñanza ordinaria y personas con discapacidad (intelectual, motora y sensorial) en un centro de Educación Especial. Amo acompañar a las personas con NEE en su desarrollo y aprendizaje al igual que tú, espero qué nos muestres tus experiencias, mucho ánimo qué vas a ser una profesional potente.
ResponderEliminarNo esperaba menos que una frase de Freire por tu parte. Sofi my favorite 🙌🏾🙌🏾🙌🏾💜
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