Dejar huella mientras sigo aprendiendo.

Carta a mi yo del futuro 

La verdad es que esta entrada se me ocurrió no porque tuviera nada claro, sino todo lo contrario: porque estoy perdida.

No perdida en el sentido de no saber quién soy —que a veces también—, sino en cómo quiero seguir siendo, tanto a nivel personal como profesional.

Hay cosas de mí que tengo clarísimas. Mis valores me definen, y no solo a nivel político (que también, porque aunque no lo parezca tengo una vena activista que sale a defender todas las causas perdidas y que más de una vez me ha llevado a chocar con muchos muros… y con muchas personas). Hablo también de mis ideales: la búsqueda de una justicia que ni siquiera sé muy bien cómo se construye ni qué es exactamente, pero que siento como necesaria. Busco la equidad, porque en la igualdad, siendo sincera, nunca he creído del todo. Todo esto son valores que sé que me acompañarán siempre.

Obviamente evolucionaré ,o eso espero, y estoy dispuesta a ello. Solo hay que ver cómo he cambiado durante estos cuatro años de carrera.

No solo he crecido profesionalmente; a nivel personal también noto un cambio. Hay cosas que no cambian, como la nube que siempre rodea mi cabeza, tal y como bien describió Sergio (jajaja). Pero eso no deja de ser el reflejo de cómo funciona mi mente y mi manera de pensar. Eso, por ejemplo, sí me gustaría cambiarlo: ojalá dentro de diez años, o incluso antes, consiga ser un poco más ordenada, tanto con mis ideas como con la vida en general.

Volviendo a mi evolución, siento que he ganado muchísima seguridad en mí misma. La Sofía que suspendió seis asignaturas en Bachillerato, que repitió curso y que no entró en ninguna carrera, no se creería que acabaría un grado superior con muy buena media, que estaría trabajando de ello y que además habría terminado una carrera universitaria que le ha encantado.

Y es que, haciendo balance, mi paso por la carrera ha sido muy bueno, incluso estando perdida. Y, en parte, esa sensación de estar perdida viene precisamente de todo lo que he aprendido y de lo mucho que me ha gustado. Hay tantas cosas que me llaman, que me interesan, que me motivan, que no sé dónde me veo dentro de cinco o diez años. Educación especial, psicopedagogía, pedagogía social, la orientación los menores en riesgo de exclusión … ya estoy diciendo mil cosas otra vez (jajaja). En general, me encanta intervenir. Sí, me gusta evaluar, pero el trabajo de campo es lo que más me llena.

Me gustaría haber trabajado en un gabinete psicopedagógico y, si algún día se hace realidad esa idea un poco loca de montar uno con mi gran amiga Sandra, sería un auténtico sueño. Ella es, sin duda, lo mejor que me llevo de estos cuatro años. Ha sido una auténtica curita para el corazón. Nunca pensé que podría aprender tanto de alguien tan diferente a mí ,y no solo por la edad, que es un bebé (jeje), sino porque siendo tan distintas, a la vez somos tan iguales que hacemos el combo perfecto. Ojalá dentro de diez años siga formando parte de mi vida.

Bueno, me voy del tema, como siempre. Supongo que espero haber pasado por varios trabajos. No me veo fija en un solo sitio al menos a medio plazo, (tomar decisiones no es algo que me apasiones y en 10 años espero ser un mas madura y que esto no me cueste tanto) . Aunque, siendo sincera, las despedidas y los cambios me duelen. Dentro de muy poco tendré que despedirme de mis niños del cole y está siendo bastante duro. Quiero pensar que he dejado una huella en ellos, tanto personal como profesionalmente, y que ellos me recuerden al menos una parte de lo que yo haré con ellos.

Porque, en el fondo, esa es la clave que quiero conservar dentro de diez años o los que sean: que todas las personas con las que trabaje dejen huella en mí y yo en ellas. Sobre todo si esa huella es el principio de su propio camino

Y quizá estar perdida no sea algo tan negativo. Quizá sea justo el lugar desde el que se empieza a construir algo propio. Estoy perdida porque ya no me conformo con cualquier sitio, porque ya no me vale solo pasar desapercibida para no cagarla, porque ahora sé lo que no quiero casi mejor de lo que sé lo que quiero. Y eso también es crecimiento.

Sé que quiero seguir trabajando con personas, en contextos reales, en espacios donde la educación no sea solo contenidos, sino vínculo, acompañamiento y presencia. Sé que quiero seguir defendiendo una educación más justa, más humana y más consciente de las desigualdades, aunque a veces no sepa muy bien cómo hacerlo o aunque me equivoque por el camino. 

Sé que no quiero perder la capacidad de cuestionarme, de incomodarme y de revisar mis propias ideas. Aunque se que debo aflojar por que hay veces que esa nube de mi cabeza se vuelve un poco gris y se sobre carga de pensamiento, y esto hace que me bloquee y me cuesta salir del bucle. Pero es que hace tiempo no me creía capaz de hacer cosas importantes y que de verdad sirviese a alguien asi que eso me hace ser un poco exigente conmigo, vamos lo que viene siendo un síndrome del impostor en toda regla jajajjaa.  Bueno un poco lo que me ha pasado con el blog, jajajajajja

Este blog, al final, también nace de ahí. No como un espacio de certezas, sino como un lugar donde pensar en voz alta, donde ordenar, o intentar ordenar, todo lo que vivo en los centros, en las aulas, en los patios y dentro de mí. 

No sé dónde estaré dentro de cinco o diez años, pero sí sé cómo quiero estar: implicada, aprendiendo, con los pies en la realidad y el corazón abierto. Quiero seguir dejando huella, aunque sea pequeña, y permitirme que otros la dejen en mí. Porque, al final, educar no es otra cosa que eso: encontrarnos en el camino, acompañarnos un tramo y, si tenemos suerte, ayudarnos a empezar el siguiente.



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