El pedagogo también cuida: más allá de la orientación y la evaluación

Sandra Peña 

En los últimos días, a raíz del caso de Sandra Peña , la niña que se suicidó tras sufrir acoso escolar, se ha reabierto un debate que aparece siempre que ocurre una tragedia así: ¿quién falló?, ¿el centro educativo?, ¿el profesorado?, ¿los protocolos?, ¿la familia?
Mientras algunos señalan directamente a la escuela, otros colectivos profesionales, como los educadores sociales, reivindican con razón la necesidad de una mayor presencia en los centros. Y escuchando este debate, no he podido evitar hacerme una pregunta incómoda pero necesaria: ¿dónde quedamos los pedagogos y pedagogas en todo esto?

Tradicionalmente, nuestra figura en los centros educativos ha estado muy ligada a la orientación, la evaluación psicopedagógica o la atención a la diversidad, funciones imprescindibles, pero claramente insuficientes si queremos hablar de bienestar real, prevención y acompañamiento socioeducativo. La realidad de los centros hoy nos exige mucho más.

El pedagogo como coordinador de bienestar y mediador

El acoso escolar no aparece de la nada. Se gesta en silencios, en dinámicas de grupo mal gestionadas, en relaciones de poder desiguales, en climas emocionales deteriorados y en señales que muchas veces sí se ven, pero no se interpretan a tiempo. Aquí es donde el pedagogo tiene un papel clave que va mucho más allá del despacho y los informes.

Reivindico la figura del pedagogo como coordinador de bienestar (figura que mas adelante explico está regulada y de la que se habla muy poco), como mediador socioeducativo, como profesional que:

  • observa el funcionamiento real del centro, no solo los resultados académicos

  • detecta dinámicas de exclusión, aislamiento o conflicto

  • acompaña emocionalmente a alumnado y profesorado

  • coordina actuaciones entre tutores, familias y otros profesionales

  • diseña y evalúa programas de prevención del acoso, convivencia y educación emocional

No se trata de “quitarle el sitio” a nadie, sino de trabajar de forma interdisciplinar, desde una mirada pedagógica global que entiende que aprender y estar bien no son procesos separados. además esta figura muchas veces la ocupa un maestro, y de verdad no pueden más están hasta arriba cada vez se les exige más pero se les forma lo mismo Esta función podría realizarla mucho mejor otros profesionales como nosotros 

Beneficios reales para los centros educativos

La presencia activa de pedagogos con este enfoque aporta beneficios claros:

  • Prevención, no solo intervención cuando el daño ya está hecho

  • Mejora del clima escolar y de la convivencia

  • Apoyo al profesorado, que muchas veces se siente solo y desbordado

  • Coordinación real entre servicios educativos, sociales y sanitarios

  • Mayor coherencia en la aplicación de protocolos de acoso y bienestar

Un centro que cuida no improvisa, planifica el bienestar. Y eso es pedagogía en estado puro.

¿Está esto recogido en la ley?

Aunque no siempre se nombre explícitamente al pedagogo, el marco legal sí respalda estas funciones. La Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI) introduce la figura del Coordinador de Bienestar y Protección en los centros educativos, con funciones directamente relacionadas con la prevención, la detección precoz y la intervención ante situaciones de violencia, acoso o malestar emocional.

Estas funciones encajan plenamente con la formación y competencias del pedagogo, aunque en la práctica muchas veces se asignen de forma ambigua o recaigan en profesionales ya sobrecargados. La LOMLOE, además, refuerza la necesidad de una educación integral, inclusiva y centrada en el bienestar del alumnado, algo que no puede sostenerse solo desde la docencia.

No solo evaluar, también acompañar

No podemos seguir aceptando que nuestro rol quede reducido a evaluar, etiquetar o derivar. La pedagogía nace para mejorar procesos educativos, y hoy el mayor reto educativo es el bienestar emocional, social y relacional de los niños y adolescentes.

Casos como el de Sandra duelen, pero también deberían servir para replantearnos cómo están organizados nuestros centros y qué figuras profesionales necesitamos en ellos.
Los pedagogos podemos y debemos estar ahí, no solo cuando el problema ya existe, sino antes, durante y después. Porque educar también es cuidar, y cuidar también es una tarea pedagógica.

Hemos hablado y estudiado como el clima afecta no solo a la salud mental o física es un síntoma de salud institucional, y tal y como están los datos de suicidios en jóvenes, no reflejan que se este dando un clima de confianza en nuestras escuelas. Debemos luchar por conseguir mas funciones para poder luchar por los que no pueden 


Comentarios

  1. Me ha gustado cómo reivindicas que el papel del pedagogo no debe limitarse a la orientación o la evaluación, sino que puede ser coordinador de bienestar, mediador socioeducativo y agente activo en la prevención y mejora del clima escolar. Tu texto conecta bien la reflexión profesional con una preocupación real por el acompañamiento emocional y relacional del alumnado y del profesorado, lo que amplía la visión tradicional de la pedagogía desde una mirada humana.

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