¿POR QUÉ TRABAJAR EN EDUCACIÓN ESPECIAL?












Muchas veces, a lo largo de la carrera ,tanto dentro como fuera de ella, cuando he contado que trabajo en un Colegio de Educación Especial y he compartido algunas anécdotas de mi día a día, he recibido respuestas que, sinceramente, me han dolido un poco. Frases como 
“¿cómo aguantas eso?”“yo no podría”“qué pena, pobrecitos”, o incluso comentarios que prefiero no reproducir.       Lo que más me preocupa no es escucharlo en conversaciones informales, sino cuando viene de futuros docentes o profesionales de la educación. Personas que, en teoría, van a trabajar con niños, con diversidad, con realidades complejas. Ahí es donde siento la necesidad de parar y reflexionar. Y también de escribir.
Por eso esta entrada no pretende ser una idealización ni una historia edulcorada. No quiero romantizar la discapacidad ni las dificultades reales que existen en estos contextos. Pero sí quiero hacer una pequeña defensa de lo profundamente valioso que es este colectivo y del trabajo que se realiza con él, además de romper algunos mitos que siguen muy presentes.

 

Es cierto que no es un trabajo que te regale alegrías desde el primer día. Requiere muchísima paciencia, una paciencia que no siempre sabes que tienes hasta que te ves ahí. Hay días duros, días de cansancio físico y emocional, días en los que te preguntas si estás preparada para esto. Hay conductas difíciles, frustraciones, avances lentos y, muchas veces, invisibles para quien no está dentro.

Pero reducir la Educación Especial a la pena, al “yo no podría” o al “pobrecito” es no entender absolutamente nada. No son pobrecitos. Son niños y niñas con personalidades propias, con sentido del humor, con enfados, con preferencias, con vínculos, con capacidades y con derechos. No necesitan lástima; necesitan oportunidades, apoyos adecuados y profesionales que crean en ellos.

Trabajar en Educación Especial no va de aguantar. Va de acompañar. Va de aprender a mirar distinto, de celebrar logros que no aparecen en los currículos oficiales, de entender que el progreso no siempre es lineal ni rápido. Va de reconocer que la educación no es solo académica, sino profundamente humana.





Y no, no es para todo el mundo, igual que no lo es ningún ámbito educativo. Pero tampoco es un lugar triste, ni vacío, ni únicamente duro. Es un espacio lleno de vida, de retos y de aprendizajes constantes. Un espacio que te confronta contigo misma, con tus prejuicios, con tus límites y también con tu capacidad de querer, de sostener y de aprender.



Quizá el problema no es que “no podamos” trabajar ahí, sino que todavía nos cuesta mirar la diversidad sin miedo, sin pena o sin distancia. 
Y como profesionales de la educación, eso debería hacernos pensar.



 

Defensa coles educación especial

También quiero parar un momento para defender los colegios de Educación Especial, porque siento que en los últimos años se han convertido casi en el “malo de la película”. Con todo el debate sobre inclusión y, especialmente, a raíz de la Ley Celaá (LOMLOE), se ha instalado la idea de que los CEE son espacios que excluyen, que segregan, e incluso se ha llegado a hablar —de forma más o menos explícita— de su cierre progresivo. Y esto, como profesional que trabaja y ha trabajado en ellos, me genera mucha preocupación.

Parece que ahora los CEE se ven como un fracaso del sistema, como el último sitio al que vas cuando “no encajas” en un centro ordinario. Y no. No deberían verse así. Un colegio de Educación Especial no es un sitio donde se abandona a nadie, es un recurso educativo valiosísimo, pensado para alumnos y alumnas que necesitan algo diferente, no menos. Allí se trabaja con ratios mucho más bajas, con profesionales especializados, con tiempos más flexibles y con objetivos reales: comunicación, autonomía, regulación emocional, conducta, habilidades sociales, bienestar… cosas que muchas veces en un centro ordinario, por falta de recursos o por saturación, simplemente no se pueden atender como deberían.

Tengo la sensación de que estamos confundiendo inclusión con solo compartir espacio. Como si por el hecho de estar en un centro ordinario ya estuviéramos incluyendo, y la realidad es que no siempre es así. Hay perfiles de niños y niñas que, al menos en determinados momentos de su desarrollo, evolucionarían mucho mejor en un centro de Educación Especial. El problema es que, como al final solo llegan a estos centros los casos más graves, se acaba generando un círculo vicioso: se estigmatizan, las familias los rechazan por miedo, y eso refuerza aún más la idea de que “eso es lo peor”. Pero quizá el problema no es el recurso, sino cómo lo estamos contando.

Quiero dejar claro que no rechazo la inclusión de alumnado de Educación Especial en centros ordinarios. Al contrario. Pero tal y como está enfocada ahora mismo, me cuesta verla clara. Sobre todo cuando se vende con lemas como “aquí no se deja a nadie atrás”, porque no es del todo cierto. Siempre que hay parámetros, requisitos y condiciones , y los hay, con razón,. Lo vimos incluso en clase: no todos los perfiles pueden estar en todos los centros, ya sea por su conducta o porque sus objetivos no encajan un centro ordinario. En el momento en que hay criterios, hay exclusión de alguien. Negarlo es engañarnos.

Por esa regla de tres si miramos la inclusión de este modo siempre te dejaras a alguien fuera, yo la inclusión la veo más como conocer comprender ,entender y respetar todos los tipos de centros. Va de ser honestos y reconocer qué entorno es mejor para cada niño o niña en cada momento de su vida. Inclusión es que las familias puedan decidir desde la información, desde lo que de verdad ven mejor para su hijo, y no desde el “no tengo nada mejor” o el “esto es lo único que hay”.

Por eso recomiendo mucho el perfil de Madre TEA, que habla de todo esto desde la experiencia real y sin discursos vacíos. En concreto, este vídeo explica muy bien muchas de las cosas que intento decir aquí:






Comentarios

  1. Que bonito Sofi, me ha encantado todo lo que escribes. Que bonito que podamos ser compañeras de uni y de profesión, y que juntas compartamos el gusto por la Educación Especial.

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